En proximidad de un nuevo superclásico surge una vez más la cuestión: ¿De que equipo va a ser mi Dulce Novimebre?
No nos pusimos de acuerdo durante el embarazo. Tampoco durante los poco más de 11 meses que ya tiene.
Claramente no compro el argumento de que el niño sea del mismo equipo que el padre, porque en nuestro caso tanto al padre como a la madre nos gusta el fútbol.
Luego de ver frustrados mis argumentos el año pasado...
- Que sea de Boca en la A y de RiBer en la B (las gallinas ascendieron promediando mi embarazo)
- La fallida triple corona de Boca (Clausura 2012, Libertadores y Copa Argentina que quedó como copa de leche)
... Propuse dejarlo librado a los resultados deportivos (clásico a jugarse o puntos en el campeonato), pero el padre no lo aceptó. En algún momento propuso que el niño sea de un tercer equipo. Finalmente lo dejamos librado... a su libertad .
Así estamos, conviviendo en una cuidada neutralidad que nadie se anima a romper. No hay camisetas ni merchandising. Solo un ocasional babero de River que me encargué de manchar con las primeras papillas.
Con la vuelta del Virrey y en pleno puerperio, empecé a ejercer mis influencias cantándole canciones de la 12 a mi bebé mientras le daba la teta. A menudo practicamos "El que no salta es una gallina".
De todas formas no creo que sea suficiente. Para colmo la señora que lo cuida resultó hincha River.

Estamos en la misma, pero al revés. Yo de River, el padre de boca. Con Felipe se nos planteó la disyuntiva. Yo soy hija de boquenses por lo que sé lo que es ir en contra y lo que odie que me quisieran influir todo el tiempo. Decidimos dejarlo a él que se vaya definiendo. A medida que empezó a interesarse un poco el padre y tooooda su extensa familia dieron por hecho que ya era de boca. Este año fuimos a Buenos Aires y bajando por la autopista dimos de lleno con el hermoso estadio de Nuñez. Marido dice, "mira por donde vengo a pasar" y Felipe empieza a gritar "Ese es MI RIVER?". Confieso que se me cayeron lágrimas.
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