Fue un viernes por la mañana de agosto y aunque solo tenía cuatro días de atraso, estar en la previa de un fin de semana largo me impulsó a hacerme el test de embarazo.
Digo solo cuatro días porque luego del nacimiento de mi Dulce Noviembre y por gentileza de la lactancia y mi cuerpo, no tuve noticias de mi periodo hasta mayo de este año (un año y medio él). Desde que cumplió el año, digamos que ya lo esperaba porque tenía ganas de ser mamá otra vez, pero todo sucede a su debido tiempo. Soy sanamente irregular (según consta a médica) y en los tres meses que me vino a partir de mayo tuve periodos de entre 35 y 42 días... Por eso, estar en el día 32 no era un gran síntoma de embarazo posible. Solo había empezado a experimentar en las últimas semanas cierta sensibilidad mamaria que me recordaba mucho a mi embarazo anterior.
Me hice el primer test (el azul) con la primera orina de la mañana, para asegurar su efectividad como dicen todos los prospectos, incluso el de esta marca barata que compré por cábala. Aproveché la soledad de la madrugada antes de que se despierten todos, pero el resultado no me libró de ninguna duda. Al cumplirse los minutos creí que era un negativo clásico pero tímidamente vi como la segunda línea rosa quería aparecer. Los prospectos también dicen que no hay que leer los resultados después del tiempo establecido, pero esto fue enseguida.
Cuando fue horario de que abran los comercios fui a comprarme un segundo test (el rosa), esta vez el más caro de la marca más conocida. Esperé las dos horas de retención de orina que recomienda Evatest y... mismo resultado. Una segunda línea rosa tan tímida que no podría aún soltarme y festejar eufóricamente un segundo embarazo. Le mandé la foto a una de mis cómplices tribales que me alentó a ir a laboratorio para sacarme dudas, aunque para ella (y su marido) no las había.
Partí hacia el laboratorio de incógnito antes del mediodía y me prometieron resultado para las 18 horas. El día se me hizo eterno, no sabía si pensar o no pensar, si planear o no planear, pero recuerdo con felicidad el momento en que me subí al auto con el resultado y vi un clarísimo POSITIVO.
Esa noche teníamos planeada después de mucho tiempo una cena afuera en pareja, así que aproveché la ocasión y en medio del brindis le di un sobre a mi marido con los dos test y el resultado del análisis. Esta es su cara al momento de recibirlo.
Continuará...una nueva espera comenzó.

Gracias infinitas por confiar en mí.
ResponderEliminar