20 de mayo de 2014

Tachín tachín tachín Tomito al jardín

Hace casi tres meses que mi Dulce Noviembre empezó el jardín con su año y cuatro meses recién cumplidos. Todas las mañanas, o casi todas, parte con su uniforme talle 2 adaptado: pantalón con ruedo y buzo con botones insertados para que le pase por la cabezota.
Vivimos una larga pero segura adaptación. Digo larga porque así la sentí en ese momento, pero ahora con un poco de distancia siento que no fue tanto realmente. Fue solo un mes de su primer año de jardín, de su primer atisbo de independencia y lugar propio que no es su casa ni su familia. 
Pasé casi dos semanas yendo a la salita con él y la mitad de sus compañeritos y mamás. Son en total un grupo de 15 niños, en su mayoría varones, que cumplieron o cumplen los dos años durante 2014. Fue una experiencia muy linda para poder verlo interactuar en ese lugar tan distinto. Ver que cosas lo divertían y cuales lo hacían salir corriendo a mis piernas. Ahora, la mayoría de las veces me quedo con las ganas de saber que hizo en el jardín porque todavía no habla como para contarlo.
Después de esas dos semanas lo empecé a dejar solo por pequeños ratos, haciendo progresos durante las siguientes dos semanas hasta que llegó abril y finalmente se completó el horario de cuatro horas matutinas.
Si bien pasó mucho del último mes enfermo y yo como mamá la pasé mal al verlo hecho una piltrafa, estoy contenta con la decisión. Pasó de un resfrío casi recuperado a una angina con fiebre y luego a un tremendo virus estomacal que lo dejó 10 días con diarreas y vómitos. Esperemos que este cumplido con esto el famoso "derecho de piso" de quienes empiezan su escolaridad.
Como decía, a pesar de los pesares, positivo el balance al fin. Entra con ganas y sale contento. Siento que no me falló el instinto materno al creer que él iba a disfrutar esas horas de juegos con pares a pesar de su corta edad. 
En la foto un día de fin de semana que encontró la mochila y se quería ir al jardín.

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