2 de agosto de 2012

El privilegio de dormir

Dormir de corrido una noche entera.
Dormir una larga siesta de domingo después de una comida familiar.
Dormir cada vez que siento que tengo sueño.
Dormir hasta que el cuerpo dice que es suficiente...
Dormir es reponer energías luego de un día o una noche agitada.
Dormir es disfrutar de un momento de relax y desenchufarse del mundo que sigue dando vueltas.
Dormir es consultar con la almohada las preocupaciones del día y despertar con más claridad.
Dormir es un un momento de intimidad con la pareja.
Dormir, de eso se trata, un privilegio contra el que la maternidad atenta.


Todavía no tengo la experiencia de pasar días, meses o años sin dormir de esta forma, pero las referencias de otras madres son poco alentadoras. No soy una persona que disfrute especialmente de dormir largas horas y nunca fui de levantarme tarde. Soy más bien de acostarme temprano y de vez en cuando disfruto de alguna que otra siesta de varias horas en pijama (al estilo Lilita Carrió) . 
Lo que sí siento ahora es que la sabia naturaleza me está preparando durante el embarazo para lo que se viene. En general me despierto varias veces durante la noche, a veces son las ganas de ir al baño y otras veces los movimientos del bebé. 
Otro cambio en el dormir es la postura. Pese a que estaba acostumbrada a dormirme boca a bajo, ya desde comienzos del embarazo antes de que la panza fuera prominente, mi cuerpo se acomodó a dormir de frente y derechita. De a ratos, si las pataditas nocturnas me dejan también me pongo de costado. Tanto la obstetra  como la literatura de embarazo recomiendan especialmente dormir de costado hacia el lado izquierdo para favorecer la circulación, pero este pequeño no se acomodó a esa postura en estos días.




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