13 de febrero de 2013

Ese momento en que me sentí pequeña

Y un día poco más de tres meses después de la llegada de mi Dulce Noviembre, logré dos cosas fundamentales: reunir el tiempo y la voluntad para volver a escribir estas lineas. Los temas sobran, el tiempo no. 
Hubo un momento en la maternidad en que me sentí pequeña. Si, pequeña y diminuta frente a tamaña responsabilidad de cuidar de otro ser humano -para colmo más pequeño que yo- por el resto de mi vida. 
Ya pasada la euforia del parto, con pocas horas de sueño acumuladas y alguna preocupación porque Tomás pasaba más horas de lo esperado sin tomar teta, sentí que la responsabilidad de tener un hijo era de una inmensidad difícil de manejar. 
Las primeras angustias por su bienestar me hicieron pensar que de ahí en adelante iba a sentir esa inmensidad sobre mi por el resto de mi vida. Sea en las primeras semanas porque no comía como yo esperaba, sea en el futuro porque volvía de madrugada y yo iba a estar en vela y rezando esperándolo, sea porque alguna doña osaría en algún momento romperle el corazón. 
Esa pequeña cosita con vida recién salida de mi panza llegó a este mundo para que por un buen tiempo yo decida que es lo mejor para él y lo cuide.
Por suerte con unas horas de sueño más y menos preocupaciones, esta responsabilidad dejó de angustiarme tanto como en ese primer momento en la maternidad.  Es real, existe, y la vivo como parte de esta emocionante experiencia de ser mamá.

2 comentarios:

  1. lo vivis como tenes que vivirlo y sos una mama muy dedicada, dulce y paciente, excelente amiga y buena persona, que mas puede querer un hijo?? como siempre, es tan real lo que describis que me emocionas con tu blog, Los Quiero¡¡¡¡¡ Carla

    ResponderEliminar
  2. qué lindo que estes de vuelta con toda la felicidad y el caos de la maternidad!

    ResponderEliminar