Pasado el Día del Niño, me quedo con estos momentos que son los que me regala mi bebé:
- La más linda de las sonrisas cuando vuelvo de trabajar: Ya cuando escucha ruidos de ascensor y llaves empieza a gritar, y cuando finalmente se abre la puerta y nos vemos se le dibuja esa sonrisa única que acompaña con el aleteo de brazos para que lo agarre.
- Esos ratos de juego en el piso del living: El tiempo se detiene para compartir y verlo entretenido con una pelota, un instrumento o algún encastre.
- La hora del baño cuando cae el sol: Es un momento que compartimos y disfrutamos de a tres todos los días desde que nació, salvo raras excepciones.
- Dormir abrazados: Aunque reniegue porque no duerme en la cuna últimamente, tenerlo dormido con toda su paz tan cerquita mío es algo que me llena el alma.
- Despertar juntos: Cuando me voy a trabajar él todavía duerme, así que los fines de semana me gusta quedarme en la cama hasta que se despierta con una sucesión con sonrisas, desperezos y algún que otro alegre balbuceo.
- Darle la teta: Muchas veces la lactancia materna es cansadora, sobre todo al principio. Pero la mayoría de las veces, siento que es un momento de conexión única en el que nos necesitamos, y en el que yo le doy lo mejor que tengo y él yace tranquilo con esa confianza.
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