Ayer me llamó mi sobrina de cinco años, a quien no veo hace un par de semanas porque vive en Buenos Aires, para preguntarme si ya tengo panza "como las embarazadas que están por tener un bebé".
Ajustándome a la imagen que me devuelve el espejo, la realidad es que no tengo esa panza todavía. No me saltó aún esa barriga redondeada como algo que se distinga de mi cuerpo y que sea un pasaporte a la prioridad en las colas de bancos y supermercados.
Escuché experiencias que recién salta en el cuarto o quinto mes. Convengamos que siempre tuve abdominales prominentes (no musculares justamente) y todavía no se los inculpo al embarazo. Estoy un poco más ancha si, y me doy cuenta que me levanto a la mañana menos embarazada-con barriga deshinchada y chata- y 9 horas después cuando vuelvo de trabajar ya está más compacta y hacia afuera.

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