Colas preferenciales en supermercados y bancos, estacionamientos mejor ubicados en centros comerciales, disponibilidad de asiento en el transporte público, etc. Las leyes dan lugar a algunos de estos beneficios y yo ya empecé a hacer uso.
Hace unos días pregunté como funcionaba en un gran supermercado: me dijeron que me acerque por fuera de la fila hasta la caja y así hice. Por suerte no hubo viejas metiches que reclamaran certificado como le pasó a una amiga o malas caras. No voy a negar que me dio un poco de inseguridad, pero lo hice.
A la vuelta de nuestras vacaciones también hicimos el trámite de migraciones de forma más veloz por un puesto habilitado para tal fin.
La realidad es que no me planteo cuan embarazada estoy, o cuan mal me siento para hacer uso. Los carteles señalan "Prioridad para embarazadas" y no "Prioridad para embarazadas con panza o a punto de explotar". Yo estoy embarazada, así que... porqué no.
Por suerte uno de los beneficios de vivir en una ciudad chica es que no uso diariamente el transporte público, así que no me tengo que topar con la masividad del subte ni con los repentinamente dormidos.

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